Según el reporte Edelman Trust Barometer 2024, las personas sienten mayor confianza cuando científicos y expertos les explican las nuevas tecnologías.
Me atrevería a decir que la inteligencia artificial (IA) está marcando un nuevo camino en la historia de la humanidad. Hoy, la IA está en todas partes, de los smartphones hasta las lavadoras. Esta tecnología ha demostrado su gran capacidad para transformar y simplificar nuestra vida diaria –a veces sin que nos demos cuenta–. Sin embargo, a pesar de las mejoras que nos ha traído, aún existen muchísimas personas que desconfían de ella. Mientras más se demuestra su potencial y conforme avanzan sus capacidades, más evidente se vuelve una realidad: estamos en una batalla por tenerle confianza
A pesar de que el sector tecnológico sigue siendo uno de los más confiables, cuando se trata de la adopción de la IA, las personas no están seguras de si realmente entienden cómo funciona o si sus datos personales están siendo gestionados de buena manera. Según el reporte Edelman Trust Barometer 2024 –una investigación anual que analiza la confianza pública en instituciones clave–, de los 28 países encuestados, solo 12 muestran un nivel alto de confianza en la IA: China (86%), India (78%) y Arabia Saudita (77%) a la cabeza. En contraste, otros países como Japón (31%), Corea del Sur (33%) y el Reino Unido (35%), muestran los mayores niveles de desconfianza. La pregunta aquí es: ¿por qué hay un escepticismo general hacia la inteligencia artificial?
La privacidad y la regulación, pilares fundamentales
La IA no es algo nuevo. En serio, no lo es. De hecho, surgió en los años 50 como un campo de estudio. Mucho antes de poder usar ChatGPT en nuestros smartphones o pedirle a Alexa que de lunes a viernes funcione como despertador exactamente a las 6:00 a.m., la inteligencia artificial llevaba décadas siendo un tema de interés. La sensación popular de que nos hallamos ante algo totalmente desconocido desconoce estos hechos.
Uno de los principales temas de conversación que surgen al hablar de la IA –y de casi cualquier dispositivo con conexión a internet–, es la preocupación sobre cómo van a tratar nuestra información privada. Gracias a la IA, hoy existe la capacidad de analizar grandes cantidades de datos de manera mucho más fácil y eficiente, porque ayuda a construir modelos con base en la información recolectada. Volviendo al reporte Edelman, el 41% de los más de 32,000 encuestados en 28 países considera que la IA podría comprometer su privacidad, una preocupación que supera incluso al miedo a perder su empleo. El temor a que alguien pueda manipular nuestra información no es simple paranoia, es una inquietud legítima. Hemos visto casos de deepfakes, fraudes digitales y demás historias que nos hacen tener la sensación de que nuestra privacidad está en peligro constante. Y aquí es donde la transparencia se vuelve clave. Es necesario que las grandes tecnológicas no expliquen de manera clara y simple cómo es que nuestra información es tratada y, sobre todo, enfocarnos en cómo podemos lograr una IA más honesta, transparente y responsable.
Las personas confían muy poco en los medios de comunicación cuando se trata de la introducción de innovaciones que sean seguras, accesibles, beneficiosas y fáciles de entender para el público. De hecho, el reporte Edelman muestra claramente que, cuando se trata de innovación y nuevas tecnologías, la mayoría de las personas confía en los científicos y expertos, pero no tanto en los periodistas y mucho menos en los líderes políticos.
Existe una fuerte relación entre la confianza en la regulación y la aceptación de la IA. En países como México, la confianza en cómo se regula la IA es fundamental para impulsar la aceptación pública de esta tecnología. A nivel global, solo el 38% de las personas confían en que la IA está siendo efectivamente regulada. Esta inquietud es aún más profunda en países desarrollados.
Si bien hay confianza en los sectores energético, tecnológico, médico y alimentario, las innovaciones como la energía sostenible, la inteligencia artificial, las vacunas y los alimentos modificados genéticamente generan dudas entre las personas. Sí existe entusiasmo por la inteligencia artificial, pero actualmente hay más gente que desconfía de ella y la rechaza. Una de las principales razones, además de la privacidad, es porque creen que el gobierno no ha hecho lo necesario para regularla de manera correcta por falta de conocimiento. Los países que más desconfían de la capacidad del gobierno para regular tecnologías emergentes en 2024 son: Tailandia, Reino Unido, India, Italia, Australia, China, Canadá, Irlanda, Malasia y México.
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También, en países como China, México e India se tiene la creencia de que el gobierno –que es quien invierte dinero para el research científico– tiene demasiada influencia en cómo se lleva a cabo. Piensan, pues, que ‘meten mano’.
Miedo a lo que no conocemos –o entendemos– del todo
Aunque no es el único factor, el desconocimiento de algo tan simple como la manera en la que se usan nuestros datos por parte de modelos de IA, lleva a la desconfianza. En pocas palabras: si no lo comprendo, me asusta.
En la actualidad, la IA está transitando un camino repleto de desinformación y cautela. Y no creo que debamos culpar a nadie. Las personas apenas se están familiarizando con ciertas tecnologías y, antes de que logren entenderlas –para posteriormente abrazarlas–, ya están presentando un nuevo modelo de IA más avanzado que el anterior. Habría que entender que no es tan fácil para todos seguirle la pista o el ritmo a la tecnología.
Prueba de ello es que 53% los encuestados en el estudio indicó que se sentirían más positivos sobre la IA si pudieran entender puntualmente cuáles son sus beneficios. La rapidez con la que evoluciona esta tecnología ha sido preocupante para algunas personas, pues la mayoría siente que estos avances no están siendo implementados de manera equitativa. Y sí, parte de la labor de democratizar el acceso a nuevas tecnologías debe dedicarse a que las personas comprendan lo que están usando. ¿De qué sirve una herramienta sofisticada y de uso comercial si las personas no saben cómo utilizarla y sacarle el máximo provecho? Las barreras no son sólo técnicas, sino también sociales.
Más que ver al gobierno liderando la introducción de nuevas tecnologías, a la gente le gustaría ver a los científicos y expertos en esta posición. Como lo anterior no está sucediendo, las personas hacen sus propias investigaciones en internet –en lugares que no siempre son confiables–, en redes sociales o con personas cercanas. Pero, si una innovación está avalada o tiene el visto bueno de científicos y especialistas éticos, entonces la población se siente más cómoda y abierta a darle la bienvenida –o por lo menos a probar– una tecnología como la IA.
No es mag(IA), pero sí una gran al(IA)da
Contrario a lo que muchos creen, la IA no es un espía o un potencial sustituto de personas. Esta tecnología es nuestra aliada. Ejemplos hay muchos. El de la empresa canadiense Nature Fresh Farms es bueno: utiliza miles de sensores controlados por IA para optimizar el riego y la luz en sus cultivos, aumentando la productividad y reduciendo el desperdicio. ¡Eso es IA trabajando a nuestro favor!
Hay que entender algo: la IA no es magia, es una herramienta creada —y supervisada— por humanos para servir y facilitar nuestra vida. Piensa en cómo la IA tiene el potencial de ayudarnos en la detección temprana de enfermedades, incluso décadas antes de que se manifiesten los primeros síntomas. No necesitamos ser expertos en programación para confiar en ella, pero sí debemos informarnos y exigir transparencia.
La AI llegó para quedarse
Todos queremos ser escuchados y tomados en cuenta. Actualmente, muchos sienten que no tienen el control de casi nada que tenga que ver con avances tecnológicos, lo que deriva en rechazo. La población pide a gritos pruebas de que algo como la IA va a ayudar de manera positiva a la sociedad en un futuro. La ciencia necesita estar integrada a la sociedad y las personas de a pie quieren opinar sobre futuras decisiones. Al final, también somos nosotros quienes usamos estas tecnologías.
Está muy claro lo que la gente necesita para confiar en la IA: transparencia, fiabilidad, ética, explicabilidad, educación y regulación.